Bang bang mamá.

Escritos del Dani-Historias de Vida-bang, bang mamá-crianza y subjetividad
Universo DADtube
Juega solo en el patio
mientras nosotros hablamos en la cocina. No se asomó una sola vez como haría
cualquier criatura de cinco años frente a la inesperada visita de un
desconocido.
Irene tampoco supuso necesario
presentarme.
Abrimos los libros y
comenzamos a repasar el tema, discutiendo sobre los ejes que nos resultarían
más apropiados para desarrollar la problemática que habíamos definido.
En algún momento la
conversación ─como suele pasar entre estudiantes de psicología─ tomó unas
derivas caprichosas reorientándose progresivamente desde lo general a lo
personal.
—… nosotros, Hugo y yo, jamás
reprimimos a nuestro hijo. Nunca le impedimos hacer lo que quiere. Tan solo le
presentamos opciones, le explicamos las consecuencias de cada elección y le
damos tiempo para que elija de acuerdo a su propio parecer.
No estoy seguro pero creo que
lancé un “ah”.
No había pasado ni media hora
pero ese clima calmo, ameno, comenzaba a sofocarme. Solo rogaba a todos los
dioses del Olimpo que bastara aquella exhalación letrada para que volviéramos a
ceñirnos al trabajo práctico. Pero, en el fondo sabía muy bien que no tendría
tanta suerte.
—… nada de represión en ésta
casa. Eso lo tuvimos bien en claro con Hugo desde el primer día. Los dos
conocemos muy bien de eso.
Cuando nos conocimos yo era
novicia y el seminarista. Los dos conocimos muy bien de qué se trata la
represión de todo tipo y en especial la sexual, ojo, seguimos siendo creyentes,
nada tiene que ver la fe con eso.
Esta vez estoy seguro que dije
un “ah” como dios manda, dándole el énfasis correcto, al primer sonido a en un
stacatto firme, seguido de unas a de sonaridad brillante para caer
progresivamente en un piano piano. Estoy seguro porque de alguna manera reverberó
en el patio y se escuchó un “ahhh” sofocado a la manera de un eco dubitativo.
Pero ella siguió como si nada
pasara a pesar de que mi vista se había clavado en el texto y sostenía la
birome en vilo apuntando como flecha lista a hacer diana en el renglón.
—… con Hugo por ejemplo, no
cerramos la puerta cuando nos vamos a bañar ni cuando hacemos el amor, para que
Nahu pueda contemplar con naturalidad.
Miré la birome.
No hizo falta medirla para
comprender que cabe perfectamente en su ojo pero de alguna manera semejante
discurso me tenía fascinado. No podía escucharla ni dejar de escucharla.
—… la crianza de Nahu es lo
más importante para nosotros. Por él aprendimos a hablar sin malas palabras. Y
no me refiero a las que comienzan con la letra P sino a todas. En ésta casa no
se dice (baja la voz) pistola, arma, guerra, muerte.
— ¿Puedo prender un
cigarrillo?
— mmm… pero afuera. No en el
patio porque está Nahu. Si querés te abro la puerta.
— Dale. Che, es tranquilo el
pibe. En todo éste tiempo prácticamente no se lo ha escuchado.
—Sí. Es re tranquilo y sabe
que mamá está ocupada y que por tanto no tiene que salir del patio hasta que no
lo llame.
—Fahhh.
—A ver… dame un segundo que no
encuentro la llave… ya que vamos a hacer un recreo lo voy a llamar a Nahu para
que venga a tomar la leche. Eso sí, guardá esas galletitas que trajiste.
— ¿Por? ¿No come galletitas?
— ¡Jajajaj! Sí que come
galletitas che. Es un niño. Come galletitas… cada tanto. Pero esas son de
chocolate y muy dulces. Y el azúcar le hace mal a los chicos, los vuelve
nerviosos.
¡Nahu! ¿querés venir a tomar
la leche?
II
— ¡Hola! ¿Así que vos sos
Nahuel?
— Miramira.
— Fahhhh, no te entiendo che.
— Miramira kinko jinki tinki.
—Ahhhhhhh, ahora sí…
¿guardinomi selora ter kan?
Se ríe.
Y sus ojos redondos, azules
cobran la apariencia de esas muñecas de trapo perdidas en algún desván.
¿xilaron-ri extuni? Rimanzo
selurán aqué.
Se vuelve a reír y la madre
aparece con las llaves y me lanza una mirada de desaprobación.
— No es para que lo tomes a la
chacota che. El habla en idioma Kinki. Con los desconocidos le gusta hablar
solo en idioma kinki. Él mismo se lo inventó.
¿Viste Nahu? El Dani no sabe
hablar en idioma kinki.
—Nara nara jinki tinki.
—mmmm, me parece que me estás
chamuyando Nahuel. Eso se parece mucho a lo que me dijiste antes.
— ¡¡Dani!! Nahu no-mien-te. No
sabe que es eso. En ésta casa solo se dice la verdad. Nada de mentiras ni
fantasías. Solo realidad.
Nahuel ya no habla, devora una
galleta de arroz y se vuelve al patio.
El recreo ha terminado.
Me acerco a la puerta que da
al patio y lo miro.
Juega con una suerte de legos
tubulares que misteriosamente solo se pueden empalmar apilando unos sobre otros
formando una vara un poco más larga o un poco más corta.
Irene me dice que ese es su
juguete preferido.
Luego me explica que no le dan
autitos, ni herramientas de juguete, ni nada que lo condicione a futuro y toda
una retahíla de blablás que ya no escucho. Solo miro la vara verde, pues todos
los cosos esos son del mismo color, tamaño y forma y le pregunto a Nahuel qué
era eso que había armado.
Me dice que es un kironte
kinki.
—Uhhhh, pero che. Yo no
conozco ese idioma. ¿Qué es un kironte kinki?
Titubea un poco.
Mira a la madre, se mira los
dedos, luego la mirada rebota en un loop casi informático que dura unos cuantos
segundos hasta que por fin, mira el Kironte Kinki, y lo empuña hacia mí.
Irene, preocupada, me cuenta
por lo bajo que Nahuel vio en un dibujito en la casa de un amiguito un arma y
cuando volvió le dibujó una y le preguntó qué era eso. Y que “con Hugo” habían
decidido decirle que eso era un “perseguidor”.
— ¡¡Nahu!! ¿Qué te dije de
andar con perseguidores?
—Es un kironte kinki, no un
perseguidor. Protestó Nahuel mostrando por fin algún rasgo humano.
—Ahhhh, ¿si? ¿Y si no es un
perseguidor qué es? ¿Me querés decir?
—Es un bang, bang mamá.
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